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Adictos al dinero fácil

Las políticas fiscales y monetarias están consideradas como el equivalente de las drogas, diseñadas para solucionar un problema subyacente. Los recortes de los tipos de interés suelen ser temporales (todo lo que baja acaba subiendo).

Los grandes déficits presupuestarios, pensados para activar la economía, retroceden en cuanto la recuperación consiguiente aumenta los ingresos fiscales y reduce el gasto social. Como los tratamientos con antibióticos, el estímulo económico tiene una duración concreta. Al final, el paciente se recupera. Incluso si la recuperación no es completa, eso no quiere decir que los fármacos políticos no hayan surtido efecto.

La recesión que siguió a la quiebra de Lehman Brothers en 2008 fue lo bastante dura, pero podría haber sido peor. El estímulo político ofrecido fue muy superior al existente durante la gran depresión y, afortunadamente, el resultado económico fue mejor. La caída general del punto más alto al más bajo de la renta nacional americana, por ejemplo, fue del 5,1% frente al enorme 30% aproximadamente durante la depresión.

Las expectativas

Pero ese “éxito” no nos satisface. Que las cosas pudiesen haber salido peor no es un argumento que gane votos. El estancamiento no basta. Preferiríamos oír que la recuperación económica está a la vuelta de la esquina y creeremos gustosamente a cualquiera que pueda, en apariencia, llevarnos a la tierra prometida. En el camino nos habremos vuelto adictos a las drogas políticas, aunque ya no estemos seguros de si funcionan o no. Los países de occidente se han enganchado al equivalente económico de los calmantes. ¿Ofrecen la salvación o estamos padeciendo una nociva adicción política?

En marzo de 2009, la tasa bancaria del Reino Unido cayó hasta el 0,5%, el punto más bajo desde que se empezaron a registrar los datos de esta serie en los años setenta. Tres años después, el tipo bancario permanecía al mismo nivel, absurdamente bajo en términos históricos. Por aquel entonces, el coste del dinero a largo plazo se había hundido muy por debajo del 2 por ciento, el más bajo desde que existen datos del siglo XVIII.

No fuimos los únicos. A finales de 2008, poco después de la caída de Lehman Brothers, los fondos de la Fed bajaron más o menos a cero. Como en el caso de Gran Bretaña, los costes de pedir prestado del gobierno estadounidense se hundieron. Lo mismo sucedía en otras partes de Europa continental, especialmente Alemania. En un principio, los banqueros centrales esperaban que el precio del dinero, sumamente bajo, reactivara el crecimiento económico. El éxito habría permitido que los tipos de interés volvieran a subir de nuevo pero no funcionó.

El fracaso nos dice mucho de las implicaciones de la crisis financiera. El tipo de interés, al fin y al cabo, es un pago del consumo renunciado. Quienes quieren que invirtamos en el futuro están dispuestos a pagar un tipo de interés alto en los préstamos (para animarnos a diferir el consumo) si el futuro se considera especialmente prometedor. Si, por otro lado, el futuro se ve definitivamente turbio, los tipos de interés tienden a permanecer constantemente bajos.

Partiendo de una opinión concreta del futuro, los tipos bajos de interés pueden fomentar la toma de riesgos adicionales y, de ese modo, hacer el futuro más brillante pero si la visión colectiva del futuro se vuelve más aciaga, los tipos de interés acabarán tocando fondo y se quedarán ahí. Los banqueros centrales lo saben y por eso han recurrido al uso de políticas monetarias cada vez menos convencionales. En su mayoría, ha sido la facilitación cuantitativa en una forma u otra. La idea es bastante sencilla: los sistemas bancarios occidentales están hundidos y ya no pueden canalizar fácilmente los fondos de ahorradores a prestatarios. Existe una carencia grave de dinero. La respuesta natural de los hogares y las empresas es aferrarse al dinero que tengan y guardarlo debajo del colchón. La facilitación cuantitativa está pensada para sobreponerse a la percepción de carencia, inyectando dinero directamente en la economía.

El banco central crea dinero nuevo, no tanto en una imprenta sino introduciéndolo en una pantalla de ordenador. A continuación, el dinero se utiliza para comprar bonos (pagarés), propiedad de inversores. El aumento de las compras de activos del banco central impulsa la demanda de esos activos y, en consecuencia, eleva su precio.

Si los rendimientos de los títulos respaldados por activos y bonos del gobierno van hacia abajo, los titulares pueden decidir mayores rendimientos en otra parte. La demanda de activos de más riesgo (títulos, inmobiliaria) puede aumentar. Las empresas cotizadas pueden recaudar fondos a menor coste (en la bolsa) y los hogares, en teoría, pueden pedir prestado con más facilidad contra el valor en ascenso de sus viviendas.

La realidad

Suena maravilloso, ¿pero funciona? A mediados del año 2010, los principales responsables políticos de la Fed pensaban que el crecimiento económico de EEUU se situaría en la franja del 2,9 al 3,8% en 2010 y entre el 2,9 y 4,5% en 2011. Los resultados reales fueron del 3,0 y 1,7 por ciento, respectivamente. En otras palabras, el rendimiento del país en 2011 fue mucho peor de lo que hasta los pronósticos más comedidos de la Fed auguraban a mediados del año anterior.

La política monetaria funciona, en su mayoría, a través de sus efectos en las expectativas de la gente. No existe un modelo económico calibrado a la perfección pero sabemos de forma intuitiva cuál va a ser la reacción posible a un recorte de los tipos de interés. Una razón del creciente escepticismo se debe a los efectos de los tipos de interés más bajos a largo plazo (gracias a la facilitación cuantitativa) sobre el déficit del fondo de pensiones. La persistencia de unos tipos de interés bajos ha dejado a muchos fondos de pensiones en grave situación de déficit, lo que a su vez amenaza con cambios en el comportamiento en el resto de la economía que no guardan coherencia con la recuperación económica.

Además, las ventajas de la facilitación cuantitativa tienen la fea costumbre de canalizarse precisamente hacia las partes de la economía de improbable respuesta positiva. Si una caída de los rendimientos de bonos conduce a una subida de los precios de las acciones, a las grandes empresas les será más fácil recaudar fondos.

Sin embargo, muchas de estas empresas ya son muy rentables y no necesitan el dinero. Mientras, las medianas y pequeñas empresas, con poco o ningún acceso a los mercados de capital, reciben pocas o ninguna ventaja. Lo mismo se puede decir de los hogares. La facilitación cuantitativa, en teoría, impulsa el valor de las carteras de bonos del estado (sube el precio de los bonos), así como el valor de otros activos más arriesgados (con los rendimientos estatales más bajos, otros activos se vuelven más atractivos). Sin embargo, en el Reino Unido, la mayoría de esos activos son propiedad de los ricos y maduros: las personas de más de 45 años poseen un 80 por ciento de los activos financieros (excluyendo las pensiones), mientras que el 5% de los hogares más ricos tienen el 40% de esos activos.

Dicho de otro modo, los ricos se enriquecen incluso si la economía en su conjunto sigue siendo débil. Y no hay garantías de que las ventajas de la facilitación cuantitativa se vayan a quedar en casa. Imprimir dinero está muy bien pero los fondos institucionales que lo reciben a cambio de las compras de activos del banco central pueden optar por invertirlo en otras partes del mundo, donde los pronósticos de crecimiento parezcan mejores.

Vía El Economista

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Consejos para tu tienda on line en el extranjero

Dicen que vender fuera es cosa de grandes empresas y emprendedores aventureros. No digo que esto no sea así, pero pensamos que cada vez más gente se animará a exportar. Hoy queremos dejaros algunos consejos sobre cómo montar tiendas on line para nuevos mercados.

A muchos les puede resultar chocante en plena era digital, pero nuestra experiencia nos lleva a ser cautos en lo que a internacionalización de portales de venta se refiere. Creemos que un portal amigable para el visitante será mucho más valorado por vuestros nuevos visitantes.

Si el nuestro es un pequeño negocio de accesorios para mujer, por ejemplo, las barreras de entrada serán bastante bajas, pero no por ello debemos caer en el error de no estudiar nuestro nuevo entorno.

Por tanto, el principal coste (y vuestro mayor activo,  de paso) sois vosotros mismos. Cuanta más información recopiles y más conozcas ese país al que pretendes llevar tu producto, mejor te irá. Intenta conocer los hábitos de compra habituales, empápate del idioma/ vocabulario local, promocionate en sus redes sociales y ofrece aquellos productos de tu catálogo que más se adapten a sus necesidades. En síntesis, conciénciate de que tu mercado no es el mismo, vendas en España o en Venezuela. Cada lugar tiene sus particularidades, estúdialas y evitarás futuros quebraderos de cabeza. Célebre fue el catastrófico desembarco de IKEA en USA: tras las primeras semanas, en Suecia se dieron cuenta de que apenas vendían ropa de cama y cortinas. ¿La razón? Los estándares americanos son de mayor tamaño que los europeos.

Siempre recomendamos a nuestros clientes que adapten su tienda on line del mejor modo posible al mercado local, teniendo en cuenta algunos pasos útiles:

  1. Imagen y vocabulario local: Utiliza imágenes y palabras acordes con tu nuevo mercado.
  2. Emplea pasarelas de pago comunmente conocidas y aceptadas (paypal, por poner un ejemplo).
  3. Reserva un dominio local e intenta mejora tu SEO en ese país. Que tengas un buen page rank aquí no quiere decir que allá te vayan a encontrar.
  4. Haz referencia a tu normativa local (LOPD, razón social, CIF, etcétera). Crea un apartado en el que expliques si están exentos de IVA u otros impuestos equivalentes.
  5. Revisa tu política de envíos: con toda seguridad tu proveedor habitual tendrá tarifas más altas, que pueden dañar demasiado tu margen, estudia la conveniencia de seguir con él o bien buscarte un nuevo proveedor.
  6. Al alcanzar un determinado volumen de ventas, recomendamos que revises tu política comercial. Quizá haya llegado el momento de crear una sociedad en ese nuevo mercado 🙂

Esperamos que estos pequeños consejos os animen a explorar nuevos horizontes comerciales. Nosotros estaremos encantados de ayudaros ¿vamos?

Yo exporto, tú exportas, él…

Ha dicho George Soros hoy en el foro de Boao, en la isla china de Hainan, que la situación de algunos países de la eurozona es “tercermundista”. El renombrado experto financiero afirma que, la incapacidad de los países periféricos para devaluar la moneda lleva a sus economías a una situación de ahogamiento, de la cual solo pueden salir con ajustes, en la mayor parte de los casos a costa del bienestar de sus ciudadanos.

Cada vez somos más conscientes de cómo condiciona esta situación el devenir del proyecto europeo. ¿Podemos estar tranquilos cada vez que se reúne el Consejo? ¿Cómo sabemos que las medidas acordadas nos benefician? Sencillo: no lo sabemos. El modo en que se gestaron los primeros rescates (Grecia, Irlanda y Portugal) y la cuasi certeza de que Portugal tendrá que pedir un nuevo rescate, después del dictamen del TC portugués, demuestran hasta donde están llegando las políticas monetarias en la eurozona.

Me resisto a considerar malas, per se, las políticas de reducción del gasto o la austeridad en las cuentas; de hecho, las considero medidas necesarias y hasta beneficiosas, si se aplican con cautela. Entonces, ¿dónde está el problema? A mi modo de ver, las presiones de la troika (UE, BCE y FMI) para que los plazos de amortización de las deudas soberanas sean menores, están aplicando medicina amarga, que diría Thatcher, pero quizá demasiado peligrosa.

Va a ser muy dificil que los países periféricos mantengamos los actuales niveles de exportación/ importación con las actuales políticas. Un euro fuerte dificultará cada vez más nuestras exportaciones y reducirá aún más el margen operativo de nuestras empresas.

En los últimos tres años hemos asistido a un “nuevo milagro español” en lo que a exportación se refiere. El Ministerio de Economía resplandece y saca pecho cuando presenta sus informes de comercio exterior, que muestran una balanza de pagos saneada y diversificada. Eso, de un primer vistazo, resulta incontestable, pero revisando los datos, podemos realizar varias matizaciones:

  1. La balanza comercial es positiva, en parte, porque importamos menos que antes.
  2. Exportamos porque no nos queda mas remedio, o salimos fuera o echamos el cierre aquí.
  3. Los principales destinos de nuestras exportaciones son: Francia, Alemania y Portugal. A nadie se le escapa que la caída en desgracia de Portugal y el crecimiento previsto del 0.1% de Francia no son datos halagueños.

Pese a ello, las empresas españolas se están esforzando cada vez más por salir fuera. Antes resultaba pintoresco que una PYME española probase suerte fuera. Ahora, empieza a ser normal. Creo que todoo eso es muy positivo, cada vez que asisto a algún foro sobre internacionalización u oportunidades de negocio en un determinado país, me sorprendo al ver a gerentes de pequeñas empresas interpelando a ponentes, buscando contactos, pidiendo consejo profesional, …

Hasta hace unos años nos volvíamos locos por descentralizar fábricas en el extranjero. Ahora buscamos vender fuera lo que hacemos aquí.

Algo se mueve en nuestro tejido empresarial. Ya no se busca solo “vender a los extranjeros”, sino generar un mercado sólido en el exterior a medio y largo plazo. Creo que todo lo que está emergiendo es solo la punta de un iceberg. El problema, claro está, es que el tamaño de ese iceberg dependerá, en buena medida, de las decisiones que Bruselas tome por nosotros.

Tiene razón Soros al decir que las decisiones de la troika están generando pobreza y desigualdad, pero pese a todo, nuestras empresas tienen hoy más que nunca, la posibilidad de demostrar su potencial en el exterior.

Hago mía la cita de Thatcher: “O nos apoyamos en nuestros principios, o nada nos sostendrá”.